A la atención del Sr. Ángel Medina.
Apreciado Señor,
actualmente me hallo fuera, lejos de España, pero para mi fortuna, desde mi vivienda mojaquera el Internet me permite viajar por el mundo sin moverme de casa, ahora, ese mismo Internet me permite obtener una copia virtual de El Indalico y regresar así, por el camino de los bits y de los pixels, a mis muy estimadas tierras almerienses.
Debo reconocer que ese periódico Indálico, tan poco conocido fuera de su tierra natal, me ha proporcionado abundantes y placenteros ratos de lectura, y que hoy, mi búsqueda de su edición digital, no hace más que evidenciar una vez más esa feliz relación que existe entre El Indálico y yo.
Ahora, a las siete y veinte de la manana de éste sábado 14 de Julio, que por ser radiante de luz, de sol y de calor se presenta muy feliz, el artículo del Sr. Ángel Medina, "Bush, siempre Bush" me ha facilitado una dosis de satisfacción y de bienestar añadidos.
Me refiero a ese algo nostálgico panegírico que en su artículo dirije a los Estados Unidos.
En una época en la que los EEUU habitualmente son objeto desestimado y centro de la crítica despiadada cuando no del desprecio sistemático, me resulta gratísimo leer, es decir, escuchar a través de la palabra escrita y hecha pública, frases de simpatía para todo aquello que muy por encima del hecho político puntual y sumamente discutible, son y representan los EEUU.
Sí, las ideas de Keynes y de Milton Friedman constituyen la base de una fuerza económica y de una vitalidad sin parangón, gracias a lo cual son millones las personas de los cinco continentes que en los EEUU han encontrado su nuevo hogar y han podido edificar un futuro satisfactorio y mejor, incluso a veces brillante para sus vidas. No tengo noticia de que absolutamente nadie haya pretendido buscar y menos haya podido encontrar jamás un futuro ni feliz ni envidiable emigrando a alguno de aquellos paraisos socialistas que obstinados teóricos y demagogos se empeñaban en construir e imponer por la fuerza.
En esta crasa diferenciación queda evidenciado todo lo positivo de los postulados keynesianos.
Pero por encima de esa fuerza económica tan beneficiosa allá donde se dé y detrás de las teorías de aquellos eminentes economistas está la postura vital de toda una nación que por muchos defectos que se le puedan encontrar, en el mundo ha abierto brechas de cambio y de esperanza para muchos pueblos, a menudo aportando para ello doloso sacrificio de vidas propias. A mi ver sería necio obstinarse en negar que gracias a la insistente y perseverante postura política norteamericana de siempre no pocos pueblos, que parecían condenados a la marginación y a la opresión bajo una clase política cerril y denigrante, han logrado al fin una vida de libertad y de progreso.
Cierto que para muchos españoles entrados ya en años como yo, nuestra primera visión de los entonces muy lejanos y casi inalcanzables EEUU cristalizaba alrededor de la fascinante atracción de aquellos Studebaker y Buick Eight, de aquellos tocadiscos Zenith, de aquellas radios Motorola y RCA Victor, de las revistas Life y Colliers, y de muchas cosas más. No menos cierto, inolvidable y real es que en un buen número de hogares europeos de la postguerra, atribulados por los enfrentamientos entre corrientes ideológicas de todo tipo, muy a menudo afines al totalitarismo de ambos lados, Bing Crosby, Sara Vaugham, Frank Sinatra, Frankie Laine entre otros muchos, ponían una nota de optimismo aperturista. Aquellas muestras de "cultura americana" parecían abrirnos un amplio ventanal por el que penetraba un aire refrescante y nos brindaba la visión de un mundo amplio, libre y prometedor.
Cierto que mucho más cerca y en un lugar físicamente mucho más fácilmente accesible para nosotros, es decir, tras las la frontera francesa, George Brassens, Edith Piaf, Juliette Greco y Charles Aznavour entre muchos otros nos enviaban bellísimos cantos llenos de humanidad, pero sus efluvios aunque encantadores eran algo complicados, y para complicaciones ya teníamos nosotros las propias, compuestas por la situación política del momento y sustentadas de forma machacona por "El valor del Espíritu Nacional" y por el omnipresente y abultado hecho religioso. Así que desde mi habitación en mi barcelonesa casa paterna las emisiones de onda corta de The Voice of America, "Jazz Hour", cuya melodía de sintonía era un fragmento fulgurante del impresionante "Take the "A" Train" de Duke Ellington, parecían proclamar a voz en grito: aunque todo eso que compone "El Movimiento" pueda ser cierto y e incluso benefactor, hay una forma más simple y convincente para todo:¡la libertad!
Los héroes de las pelí'culas de la MGM parecían corroborar lo válido de una fórmula simplista pero eficaz para afrontar la vida: ¡lucha! Simplemente lucha desde tu libertad por algo que merezca la pena. Da lo mismo que la lucha fuese por conducir al ganado hasta los buenos pastos, por mantener el barco a flote, por amasar fortuna o por salvar a algo o a alguien de la demolición y el hundimiento. Lo importante era luchar por una buena causa. Aquellos luchadores que Holywood nos presentaba, tras cumplir su misión (siempre con éxito) se daban media vuelta y desaparecían en la lejanía de un ignoto porvernir o bien se fundían en un acalorado beso prometedor de futuro compartido y feliz.
Era eso ¿infantil?, ¿simplista?, ¿falso o errático?, ¿es eso trasnochado o absurdo?, ¿meramente americano?
Hoy, muchos años después pienso que no poco de válido hay en ello pues en realidad hacia el final de nuestras vidas cabe simplemente preguntarnos, ¿he luchado con suficiente ahinco y tenacidad?, ¿la firmeza de mi lucha, ha ido validada por la honestidad?, ¿aquello por lo que he luchado, merecía la pena?
Hoy, los EEUU, al igual que aquella, mi generación, han entrado en años y perdido cotas de juventud pero su espíritu idealista sigue inquebrantado, para bien de todos.
¡Dios nos dé y preserve a Friedman y Keynes por muchos años!
Dios guarde a Usted por muchos años.
Con afectuosos saludos
Víctor F. Bosque
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