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El Ensanche : Opinión

Actualizado: Jueves 16 Marzo 2006 - 00:01:29



Por un comercio justo
Alejandro Mañes Martínez
Lunes 14 Marzo 2005, 09:54 CET


Por un comercio justo La Organización Mundial del Comercio nació, por ahora hace diez años, el 1 de enero de 1995 con las normas de funcionamiento aprobadas en la Ronda Uruguay (1986-94), última que tuvo lugar bajo el paraguas del GATT, General Agreement Tax and Trade, procedimiento de negociaciones multilaterales sobre aranceles y comercio, y hoy agrupa alrededor de 150 países que realizan, con la reciente entrada de China, casi la totalidad de las transacciones comerciales internacionales. Se trata, por tanto, de una institución en la que sus miembros son países representados por sus Gobiernos, en concreto por los Ministros responsables del área de comercio, que se reúnen en la Conferencia Ministerial al menos una vez cada dos años siendo la última reunión en Cancún, donde los países pobres esperaban, sin conseguirlo, profundizar en el contenido de la reunión anterior celebrada en Doha (Qatar) de 2001, bautizada como Ronda del Desarrollo, sin serlo, pues fueron muy limitados los efectos positivos que tuvo ante las posturas mantenidas por EE.UU. y la propia UE.

No obstante la aparición en Cancún en 2003 del denominado grupo “de los 22”, liderado por Brasil, India, Sudáfrica y China, modificó más tarde las perspectivas pesimistas con las que finalizó la citada reunión. Algunos países que se encuentran entre los más pobres del mundo, como Malí, Chad, Benín y Burkina Faso, emprendieron iniciativas eficaces como la del algodón que se enfrenta a la protección norteamericana a sus exportaciones, que llega a ser de alrededor de 4000 millones de dólares anuales, y que convierte su justa reclamación en una verdadera “prueba del algodón” para conocer la bondad de la economía de mercado y la eficacia de los acuerdos multilaterales. Asimismo la liberalización de sectores industriales, como el textil, a partir de enero de 2005, es un hecho irrevocable, y países como China, India o Pakistán, podrán exportar libremente productos textiles a bajo precio debido a la desaparición de los contingentes a la importación y en este caso los países de la UE, que siempre ha sido la principal exportadora mundial, deberán también estudiar una estrategia común al no tener más remedio que competir con los productos que llegan, en éste y otros sectores industriales, de países como China, ya miembro de la OMC, donde los costes de producción son sumamente reducidos. La OMC nació así con un solo sesgo ideológico que cabe resumir en el mandato de eliminar  las barreras al comercio por considerarlo siempre beneficioso, aún cuando no siempre sea así, al menos para los más débiles que entienden que ello plantea más riesgos que oportunidades, pero acaban aceptándolo considerando las posibilidades que abre el hecho de integrar en los actuales momentos casi a la totalidad del comercio mundial y manteniendo la confianza en el sistema gracias a la ecuanimidad que supone la toma de decisiones  normalmente por consenso.

También el Sistema de Solución de Diferencias (SSD) de que se dispone, obliga a un país que incumple los acuerdos multilaterales establecidos a verse sujeto a las demandas de cualquier otro, a pesar de que no cabe desconocer que el peso político de alguno de ellos altera en ocasiones los acuerdos logrados con carácter general. Igualmente es cierto que en las actuales circunstancias países como EE.UU. o de la UE cuentan con negociadores relevantes e importantes en número en la sede de Ginebra que se imponen a los correspondientes a terceros países, pero no deja de serlo también que cada vez es más firme la actitud de países como Brasil o India que comienza a hacerles frente. En definitiva la OMC, diez años después de su puesta en funcionamiento, resulta una institución todavía plagada de luces y sombras, como advierte Gonzalo Fanjul en su opúsculo Cartas Marcadas, Mercado y lucha contra la pobreza, afirmando que tras el fracaso de la Conferencia de Seattle en 1999, la OMC trata de abrirse camino entre la defensa de los países más poderosos de las tierra y las demandas urgentes de los más necesitados. Ante la próxima celebración de la Conferencia del 2005, la del décimo aniversario, y con la reciente clausura en Valencia del Foro Mundial sobre la Reforma Agraria advirtiendo de la necesidad de excluir las prácticas de comercio agrícola del funcionamiento denunciado de la OMC, sólo cabe manifestar la necesidad de llevar a cabo en su seno la reforma correspondiente a un comercio justo, con la eliminación de subvenciones a la exportación en los países desarrollados y la posibilidad de acceso a sus mercados, aún de manera controlada, por parte de las producciones de países en desarrollo.


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