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La clave de toda la negociación entre el Gobierno de Rodríguez Zapatero y Batasuna parece que está ahí, en “el compromiso” del que tanto se habla. Pero, ¿en qué consiste ese “compromiso”? ¿A qué se comprometió el presidente del Ejecutivo de la Nación con la tapadera política de la banda terrorista etarra? ¿Cuándo, por qué, con qué finalidad? Porque se ha publicado, y nadie lo ha desmentido, que el PSOE ya negociaba con los batasunos desde hace más de cuatro años, cuando aún se encontraba en la oposición. ¿De qué hablaban? ¿Qué les había prometido realmente Rodríguez Zapatero?
Aunque los compromisos, por ética personal, son para cumplirlos, este “compromiso”, desde luego, debe ser “muy comprometido”, fuertemente comprometido, a juzgar por lo que se observa en la escena política y, sobretodo, por lo que el Gobierno está cediendo ante los representantes de Batasuna, que son los que le marcan la “hoja de ruta”, las fechas que tiene que fijar, los plazos que tiene que cumplir, las demandas que tiene que atender…
¿Tan gordo es “el compromiso” para que el Gobierno democrático de una nación, que ya no sabemos si llamarla España, se esté bajando los pantalones por primera vez en la historia ante las exigencias de una banda terrorista? Los pueblos no pueden ser libres y progresar si están sometidos a los dictámenes de gentes de esta ralea, con casi un millar de crímenes a sus espaldas. Ahí tenemos el ejemplo de Francia, que se ha echado a temblar, pero de risa, cuando Batasuna le ha pedido la concesión del territorio vasco-francés. Claro, que si es por lo que muchos imaginan…
Tengo delante de mí la foto “de familia” del comienzo de las negociaciones entre socialistas y batasunos en un hotel de San Sebastián. Por un lado, Patxi López y Rodolfo Ares, y por otro, el omnipresente Arnaldo Otegui con sus compañeros Rufino Etxebarría y Olatz Dannebeitia. El rostro del secretario general de los socialistas vascos es todo un poema: rostro inseguro, sonrisa forzada, ojos extraviados, gesto que no puede disimular el temor… Se trata de expresiones propias de alguien que se pregunta “pero en qué berenjenal me he metido” y no sabe cómo desembarazarse del problema.
Como contrapunto, al otro lado de la mesa, el aire cínico y prepotente de un Otegui que está convencido de antemano de que sus interlocutores, a los que tiene bien cogidos por sus partes, accederán a todas sus peticiones. Desde la legalización de Batasuna, que ése es un asunto que está más que cantado, a la autodeterminación, aunque sea encubierta con una máscara engañabobos, y la adhesión del Reino de Navarra con todos sus fueros históricos, que ha sido de siempre la gran aspiración de los nacionalistas vascos, tanto para hacer más extensos sus territorios, más pequeños que la provincia de Almería, como para garantizarse una despensa de la que hasta ahora carecen.
No es que uno se sienta pesimista. Y menos, en una jornada como hoy, cuando escribo este artículo, en que la televisión y la radio nos ofrecen los ecos de la llegada del Papa Benedicto XVI a Valencia para celebrar el V Encuentro Mundial de las Familias y llevar el bálsamo de su palabra a los valencianos tras la muerte de cuarenta y dos muertes en el metro.
Pero nos quedan, sin duda, muchas cosas graves que ver con las decisiones de este Gobierno, que no sólo está empeñado en transformar la sociedad, sino en “revisar la historia”, volviendo a enfrentarnos a los españoles setenta años después, y en convencernos de los beneficios de la II República y de todas las repúblicas que se presenten. ¿Qué fue de nuestra pacífica Transición? ¿Y el Rey, por qué sigue mudo el Rey ante tanto desafuero?
El compromiso de Mojácar
Por otra parte, tenemos el compromiso en el Ayuntamiento de Mojácar. Apremiado por las prisas que nos mete a todos los colaboradores el director de El Indálico, ignoro a estas alturas de la película cuál va a ser el desenlace del último episodio planteado en el Consistorio mojaquero por el relevo que debería producirse en la Alcaldía, cediendo Gabriel Flores la vara municipal a Rosa María Cano, según la supuesta acta firmada ante notario antes de presentar la moción de censura contra el cuatripartito encabezado por Carlos Cervantes.
Ocurra lo que ocurra en los próximos días, y deseo que Gabriel Flores y Rosa María Cano tomen la mejor decisión para el futuro de Mojácar, quiero dejar plasmadas aquí unas reflexiones sobre el asunto: el municipio turístico más importante del Levante almeriense necesita acabar de una vez con la inestabilidad política que ha sufrido en los últimos treinta años. Mojácar necesita un Ayuntamiento fuerte, formado por ediles más dispuestos a trabajar por el pueblo que por sus intereses personales y los intereses de sus respectivos partidos, con la seguridad de que recogerán el fruto cuando lleguen las elecciones.
Y si para ello tienen que prescindir de presiones de uno y otro lado, pues se prescinde. En estos momentos, cuando queda menos de un año de legislatura municipal, pienso que Gabriel y Ros Mari están obligados a entenderse de nuevo. |