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Me gusta el otoño aquí. Es el tiempo del año perfecto, no hace calor ni frio, no hay que hacer cola en las tiendas o los restaurantes y no hay tanto tráfico que nos disuada de hacer una pequeña visita a la playa. Tenemos suerte de vivir aquí, sin duda alguna. Hay ciertas amenazas en el horizonte, nuevas infraestructuras, tiendas, hiper-súper-enorme-mercados, trenes que por poco romperán la barrera del sonido y todas las atracciones que supondría el vivir en una enorme ciudad.
¿Enorme ciudad?
Pero yo he venido aquí para escaparme de la ciudad, con su ruido, su falta de jovialidad, su carencia de espacio, su contaminación y su incomunicación. Lo bueno que tienen las ciudades, como son los teatros, los museos, los auditorios, los parques bonitos, un sistema de transporte público decente y tal – ¿esas cosas las tendremos aquí también?
Para mucha gente es satisfactorio el hecho de que nuestra zona, gracias al tren de alta velocidad, sea en breve transformada en poco más que un suburbio de Murcia, y por poco un barrio satélite de Madrid o Valencia. Los que compran las pequeñas casas tipo ‘fin de semana’ que tanto beneficio dan a los constructores, y que hasta ahora sólo las han utilizado durante las vacaciones, asfixiando nuestras economías durante ocho o diez meses al año, ya podrán venir aquí sin más, con un mínimo de disgusto, para sus fines de semana.
Sabemos, o deberíamos de saber, que lo de crear una estación para un tren de alta velocidad, como aquella que levantarán en la Media Legua, solo valdrá la pena si hay trafico suficiente. Un tren que va a toda pastilla, con sus pasajeros ansiosos para llegar cuanto antes a Sevilla, no va a parar en un pueblecillo donde, a lo mejor, no sube nadie más que un viejo con su gallina. Un tren de alta velocidad que tendrá que reducir su velocidad, parar sus motores durante unos minutos y luego acelerar ya no está dando el mismo servicio y por tanto, es evidente que una parada en Vera no podrá ser solamente anecdótica ni política.
Me parece evidente que el “plan maestro” de Sevilla es construir una ciudad grande aquí. Tiene ventajas.
El Plan de Organización Territorial del Levante Almeriense, el POTLA, controla la cantidad de construcción que nuestros pueblos pueden soportar, quitándoles el derecho a dar permisos a sus constructores y de recibir los correspondientes impuestos que ayudan a financiar sus proyectos públicos, sus sueldos y su mantenimiento, ya que todos nuestros pueblos, llenos como están de “forasteros”, no reflejan sus números correctamente en el padrón y así pierden otra partida de fondos.
A pesar de los relativamente “malos tiempos” que parece que se nos vienen encima, se proyecta que el nuevo urbis tenga muchos hoteles, parques comerciales, viviendas (¿para los domingueros?), una enorme parque industrial y, esperemos, aún más líneas de alta tensión. Una pequeña estación de tren para servir a la de Vera estará ubicada en Mojácar y otra en Huercal Overa. La cada vez más creciente ciudad de Vera será el imán económico de la zona, con cabeza de ferrocarril y autovía.
Muchos, como decía antes, estarán contentos. Pero el terreno que existe detrás de Garrucha, Mojácar, Turre, Los Gallardos y hasta Antas, 10.500.000 metros cuadrados, tendrá propietarios. Así que, ¿Qué les pasará a los dueños actuales de estos terrenos? ¿Habrá una repetición de los famosos abusos urbanísticos de Valencia cuando los propietarios perdieron parte o todo de sus terrenos adquiriendo, a la vez, obligaciones fiscales? ¿Saldrán más noticias negativas sobre la filosofía española algo elástica sobre la propiedad territorial en los medios europeos?
Luego hay otra pregunta. Las licencias. Éstas estarán otorgadas desde Sevilla, un gobierno cada vez más dictatorial y ocupador. Se hablan de una inversión de mil millones en los próximos diez y ocho años: ¿Cuánto volverá a San Telmo?
Y nosotros. Muchas personas que vivimos aquí hemos dado la espalda a nuestros terrenos natales a favor de este rincón tranquilo de España. Hemos escapado de las grandes ciudades de Europa… ¡para vivir en una grande ciudad de Almería! |