Cada año los orgullosos moros y cristianos, hermanados bajo sus trajes, desfilan desde lo alto de Mojácar hasta la fuente de la misma ciudad... donde desaparecen para no ser vistos durante doce meses. La realidad es que estos guerreros viven en una red secreta de túneles y cuevas debajo del pueblo en una sociedad integrada y pacífica.
Este comunidad troglodita se originó como consecuencia de las reparaciones de las fortificaciones de Mojácar, severamente dañadas en el terremoto del año 1521. El interminable ruido de romper rocas, martillazos, caídas de muros imprevistos, junto con los gritos de los albañiles hacia sus burros llegó ser insoportable para los ya, ex contrincantes que, castigados por esta algarabía decidieron empezar a construir sus túneles secretos para desplazarse abajo con la firme intención de esquivar así a los regidores, los multeros, los tenedores de letras, los directores de bancos y los cobradores de impuestos. Se cuenta que muchos mineros de Vedar y El Pinar bajaban de la sierra para ayudar en el cometido y que los esfuerzos de todos pronto llevaron los trabajos a buen fin.
Un corazón central reforzado con mampostería dio una estructura sólida a las excavaciones y a la cueva principal la dotaron de un sistema sofisticado de circulación de aire, que hasta hace poco, estaba todavía accionado por las batidas de las alas de un grupo de halcones.
Los acuartelamientos principales están en el primer nivel, encima de los talleres, donde, durante los últimos 450 años, una colección impresionante de jarapas, monedas de réplica, ceniceros de diseño, placas de yeso, bisutería barata y velas coloreadas son fabricadas y llevadas subrepticiamente hacia las tiendas de arriba.
La roca es relativamente blanda y veteada, los túneles y cuevas estan excavados según un modelo excéntrico y fortuito, y a veces terminan en paredes falsas montadas en carriles que se mueven con la ayuda de unos muy gordos burros que la comunidad troglodita mantiene allí para este fin. En noches tranquilas – que aunque pocas, todavía quedan– se abren para dejar entrar un poco el aire y dejar descansar a los halcones...
Bajo de los talleres, hay una cocina grande y unos jardines con huerta. La dieta suele ser blanda, a base de champiñones y patatas recogidas de las paredes, junto con platos a base de huevos. Esto explica el por qué un paseante nocturno en la superficie puede, a veces, escuchar el sonido de las gallinas sin nunca ver a ninguna.
La dieta actual incluye el pescado, ya que un túnel conectado al mar fue abierto hace unos doscientos años, siendo la continuación de otro hacia la fuente, de donde llega el agua fresca para las cocinas, talleres, lavandería y alojamiento.