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A veces tenemos que escribir adelantadamente sobre un hecho posterior que, en unos días, resultará ser leído posteriormente a tu anticipación. Fácil. Hoy escribo sobre un concierto que se celebrará mañana y que el atento lector se dará cuenta que se celebró ayer.
No funciona siempre este sistema de periodismo. Escribir que “John Smith estuvo magnífico anoche en el escenario...” cuando, a posteriori, resultó que el cantante se enrolló en un bar de copas junto a su chofer y que este último perdió todos sus puntos en un control de alcoholemia y los dos tuvieron que hacer autostop... total, a causa de una resaca garrafal, el cantante hizo uno de sus peores conciertos de su historia: asunto reflejado en toda la prensa menos en la nuestra. Bueno, estos son los azares de la anticipación. Al menos en este caso estuvo allí, encima del escenario, y no como otro cantante que fue objeto de un artículo aplaudido por un periódico importante cuando, en realidad, el infeliz murió por sobredosis una hora antes de su actuación. ¡Vaya desastre!
Yo voy a escribir sobre un concierto que se celebrará... ayer. Es un concierto de grupos antiguos, históricos, y – joder, vamos a llamarlo por su nombre – viejos.
Los Bravos es – fue – uno de ellos. El más joven de este histórico grupo, y el único que no es español, nació en Berlin en 1945. Su gran momento de fama, a pesar de unos cuántos elepés, fue en 1966 con una canción de dos minutos y medio, Black is Black, que llegó a sonar por todas las radios y discotecas del planeta. La canción de Los Bravos llegó incluso a colgarse en las listas anglosajonas, en el numero cuatro del “Hot 100” de los Estados Unidos, y el numero dos del “Fab 50” de Inglaterra (nuestras canciones valen el doble de los americanos). Todo un reto.
Pero, han pasado muchos años desde entonces. La vida de Micky y sus compañeros ha sido encajada en un espacio de ciento cincuenta segundos. Cuarenta años después y desde las filas (esta vez sin gritos y, por tener los ojos secos debido a un ataque agudo de conjuntivitis, también con menos lágrimas), pedimos la misma canción de “toda la vida”.
Es de esperar que el grupo se sienta con energía todavía. Tocar durante cuarenta y cinco minutos en directo ya no es tan fácil como antes, a pesar de el liderazgo en este campo ofrecido por Los Rolings.
Vi un grupo de los sesenta hace unos años, concretamente a Wayne Fontana y Los Mindbenders. Wayne subió al escenario vestido con camiseta y tal, y luciendo un sombrero de cowboy que se negó por completo a quitar. Su grupo detrás de él, uno casi con un tacatá, preparados para la última batalla. Las tripas envueltas, cada uno, en una faja. Empezó la primera canción (“Groovy Kind of Love”: dos minutos, veinte segundos) y, al terminar, Wayne contó unos chistes mientras que el grupo se recomponía de nuevo. Juro que uno de ellos necesitó oxígeno. Y así las cosas.
El concierto de los históricos empezó (empecerá) a las once de la noche en Vera el 11 del mes presente. Junto con Los Bravos, estaban las actuaciones de Jeannette, Tony Roland y Los Puntos. Este último es un supergrupo de los años sesenta, con muchas canciones estelares, y, es de aquí: de Cuevas de la Almanzora. Los Puntos siguen activos, y grabaron hace unos años una canción – un himno, mejor dicho – llamado “Mojácar”.
Jeannette (“Soy Rebelde”) fue una estrella masiva en España y Latinoamérica. Nació en Inglaterra y vino a vivir a Barcelona a los trece años (así es el internet: una virguería).
En fin, alguien tuvo que ser el último en tocar. Quizás han sido Los Puntos. Sí empezó el concierto a las once, los chicos han tenido que subir... -¡ay, la espalda! Uuf- ...sobre las tres de la madrugada con unas canciones y la preocupación de la vuelta a casa ... y el viejo y pintado autobús hace años en el desguace.
Pero, hablando de “los puntos”, estas palabras hoy en día no se refieren al grupo genial de Cuevas, sino que hacen referencia clave a la causa por la que yo no pensé (pensaba) ir al concierto de los históricos de la música de antaño. Estar en un concierto hasta la cuatro de la mañana y... ¿no tomar ni siquiera una cerveza para no perder mis puntos en el carnet? Que están los colegas esperándome a la puerta con sus inventos infernales, sus alcoholímetros, sus multas y sus tijeras. En vez del permiso rosa de toda la vida, deberemos de llevar un tipo de “forfet” colgado al cuello. Tres puntos. Chica chaca.
Claro, si no sales de vez en cuando a escuchar buena música en directo, sólo te quedan estos acordeonistas limosneros que están plagando (y plagiando) la costa este año.
Entonces, ¿cómo escuchar a Los Puntos y a Los Bravos sin tener que salir por ahí en coche, y sabiendo que estas canciones no se tocan en los bares y tampoco están hoy en las tiendas ofrecidas en compact?
Nada. He tenido la suerte de encontrar un tocadiscos viejo en el mercadillo. Escucharé mis discos en el confort de mi propia casa, relajado, en una butaca, con una buena copa a mi lado ...Black is Bla- Black is Bla- Black is Bla...… ¡Joder. Está rayado!. |