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A todo un señor. Por dentro y por fuera. Así era Jacques López. Un parisino con ascendencia española, enraizado en Mojácar, pueblo al que quería. Generoso, comunicativo, amigo profundo con quienes le habían otorgado la confianza de una amistad. Discreto, educado, con el ramalazo característico de los distinguidos en un mundo donde la falta de maneras es una manifestación constante y descarada a nuestro alrededor, pero que él sabía disiparla, difuminarla simplemente con su presencia. Era un gran tipo( es lo que se dice siempre de los que se van, no sé si por inercia afectiva, pero en este caso, por imperio de la verdad), locamente enamorado de la vida, con tintes espectaculares en su forma de comportarse, que sabía ensamblar a la perfección su finura interior con el buen gusto a la hora de llevar una ropa adecuada en el momento preciso, lo que engrandecía y dulcificaba su personalidad. ¡Cuánto le añoro!... Este mes de julio hace dos años exactamente que la muerte se lo llevó, pero su recuerdo, entre los que le conocimos, permanecerá siempre como un auténtico “gentleman” en todos los sentidos. Echo de menos sus visitas, casi diarias, que servían para hacer un alto en lo que estuvieras haciendo y disfrutar de su amena conversación, que siempre giraba sobre distintos asuntos de actualidad, ya locales o foráneos, pero a la que imprimíamos por inercia acentos marcadamente parisinos y bilbaínos. Me lo imagino paseando allá arriba- pues pedirle quietud sería tarea vana- visitando a las amistades que se le adelantaron o siguieron. Seguro que recabaría información para dar con la presencia de Conchi Fernández (la recordada empleada de Gm & Asociados), a la que le unía una buena amistad y que, en plenitud de vida, de forma inesperada, siguió sus pasos a los pocos días, desconcertándonos a todos los que la conocíamos. Cuando se adquieren otras dimensiones, como las de Jacques y Conchi, lejos de la tierra, allá en las alturas, con la perspectiva celestial que ofrecen ellas, en sus ratos de ocio- que se suponen eternos- no cesarán de charlar y comentar nuestros pueriles comportamientos de aquí abajo, a los que damos una excesiva importancia, al no saber relativizarlos ante la brevedad de esta vida. Al no saber discernir lo importante de lo baladí. Al no saber aprovechar los momentos presentes por creer que un futuro virtual está a nuestro alcance. Al no pensar que la vida se nos va sin darnos cuenta y que, por tanto, no merece la pena perderla en desencuentros sin base, por auténticas bobadas, cuando realmente ofrece otros valores, que la hacen dignos de ella a pesar de sus muchas y grandes incongruencias que, desde la óptica humana, no acertamos a comprender. En definitiva, dar prioridad a los tuyos, disfrutarlos, saber discernir lo importante de lo superfluo e ir forjando una impronta de buenos recuerdos como los que dejaron Jacques y Conchi. Besos a los dos. |