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Actualizado: Jueves 16 Marzo 2006 - 00:01:29



El arte de los bolillos viste de artesanía el barrio de ruzafa

Lunes 14 Marzo 2005, 09:53 CET


El barrio emblemático de Ruzafa se convirtió  por quinta vez consecutiva en escenario de artesanía valenciana para más de  350 bolilleras que hacen gala del encaje de bolillos. Pulseras, gargantillas, abanicos, chales, colchas, bufandas son algunas de las piezas que pueden convertirse en motivo del arte de bolillos. Su origen, no está bien perfilado y son diversos los lugares que se atribuyen a fin de ubicarlo espacialmente. No ocurre lo mismo cuando se trata de definirlo cronológicamente.  Ya desde mediados del s XVI  y más concretamente en el s. XVII hay evidencias del encaje de bolillos que se revela como una tradición común a los países occidentales. Así desde Rusia a Brasil hay constancia del  encaje de bolillos. Cuadros como el de  Velázquez o de Van Dyck  revelan dos formas distintas de realizarlos. Unos con caída natural en contraste con los otros, almidonados y encañonados. En España hasta los años 50 se imponía como costumbre enseñar la técnica de los bolillos en las escuelas al considerarla imprescindible en la educación de las mujeres.  Los bolillos eran reflejo de feminidad  y en general su aprendizaje se llevaba a cabo desde el propio hogar, heredando las hijas los conocimientos y patrones de las madres.

Una  técnica, la del bolillo, que continúa estando vigente en la actualidad y que también requiere de formación para su completo conocimiento, aunque también resulta innato a ella el talento y la paciencia, así como la fuerza de voluntad por aprender la serie de puntos con los que conseguir las piezas más atractivas y sugerentes. Marcela Muñoz, bolillera desde más de cincuenta años asegura: “En el arte de bolillos es imprescindible la formación, para ello doy clases cerca del Ayuntamiento de Valencia además de en Giorgeta y Viveros. Es en las escuelas donde me enseñan a hacer verdaderas maravillas con los bolillos.” Una actividad, la de la realización de los bordados y de encajes, que no ha perdido ese carácter de comunidad con la se lleva a cabo. Sin embargo lo que antaño sólo podían desempeñar las mujeres, hoy no encuentra motivo de distinción por razón de sexo. Según Vicente, vecino de Ruzafa: “Tanto la mujer como el hombre están capacitados para realizar este tipo de actividades. Aunque en mi caso sólo hago bolillos en los ratos de ocio.” 

Una afición, la del encaje de bolillos en torno al barrio de Ruzafa, que organiza desde hace seis años la falla Pintor Salvador Abril, cuando le ofrecieron a  una fallera de la comisión que hace bolillos que encabezara esta concentración de bolilleras que ha ido creciendo año tras año. “Las fallas invitadas también se pasan por aquí. Nuestra concentración de bolilleras cada vez va a más y se ha constituido como un acto más dentro de las fallas de Ruzafa..Y es una labor que hay que cuidar porque aquí en Valencia capital somos la única falla que lo hace y por lo tanto son labores artesanas que hay que mantener vivas”, según Pere Sánchez, presidente de la Comisión. Una concentración entrañable y familiar con la que contrarrestar la fiesta fallera con la cultura popular de valencia. Maria del  Amor Márquez, fallera mayor de Pintor Salvador Abril: “es un día muy bonito y además digno de ver. La gente que participa de la labor de los bolillos disfruta cuando la gente contemple su artesanía. Y es muy bonito que todo el barrio salga a la calle y participe de esta tradición tan antigua.” Frente a la fama complicada y enredosa que se atribuye al encaje de bolillos se impone cada vez más la idea de sencillez. Son tres los elementos con los que poder hacer todo encaje de bolillos: Las torsiones que constan de dos hebras que giran una sobre otra y sirven para hacer cuerdas, los trenzados que añaden una tercera hebra aunque lo usual es que se hagan con cuatro para entrelazarse alternativamente por arriba y abajo; al tiempo, que se apuntan como origen de los puntos de tela, espíritu, trenzas. Y finalmente los enlaces que se establecen como lugares de encuentro del dibujo.
Esta tradicional artesanía presenta diversos inconvenientes. Entre los más comunes son de destacar: la interpretación del diseño, aunque cada vez cobra menos fuerza en el encaje popular .A ello se suma la limpieza en la ejecución, que resulta compleja al tener que llevarse a cabo con igual tensión de los dos hilos y sin margen de error . Y el tiempo, que constituye un problema más adherido ya que son muchas las horas de dedicación que precisa. Una simple puntilla para un pañuelo supone como mínimo 120 cm.

Pero no todo son inconvenientes para quienes hacen del bolillo todo un arte, pues ésta técnica presenta también numerosas ventajas que lo hacen atractivo: El sonido de los bolillos al trabajar es nítido y suave con un ritmo intenso que se conjuga.  El diseño corre a cargo de la encajera que lo realiza, lo cual permite variar el aspecto visual de un mismo patrón.  En definitiva son distintas puntillas las que pueden realizarse con el mismo dibujo base. A ello se une que es el propio bolillero quién puede realizar su propio diseño  a partir de su propio dibujo donde queden perfectamente definidos las variantes de los puntos o de un diseño geométrico. Inconvenientes o ventajas lo cierto es que las diestra maestras que mueven con sutileza los bolillos consiguen realizar auténticas obras de arte que se convierten en motivo de atención de los viandantes  que se dan cita en el barrio de Ruzafa.


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